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Ella

Publicat en Destrellats, Històries d'ací el 6 Febrer, 2008 per Morning Star

- Ya viene La Máquina!. Ya viene!

Los gritos de Juan y Pepe sacaron a la gente de sus casas. Llegaban sudando, acalorados, después de subir a toda prisa la cuesta que daba al pueblo.

Habían estado desde primera hora de la mañana esperándola en la curva de las Orchas, a unos kilómetros del pueblo, desde donde se podía avistar mejor un largo tramo del camino que llegaba hasta allí. A sus trece años, compañeros inseparables, y con la ilusión de su edad, habían hecho novillos para ser los primeros en verla y poder anunciarlo a todo el pueblo.
Y así fue. Después de unas cuantas horas esperando, que no habían podido con su ánimo testarudo, La vieron. Era grande, grandísima. Enorme. Venía sobre un camión remolque de por lo menos cuarenta varas de largo y sus ojos infantiles, deslumbrados y fantasiosos, La vieron lustrosa, brillante, con sus rayas negras y amarillas en los costados, como una abeja (la reina, pensaron ellos) que venia a trabajar en sus campos y a sacarlos de la miseria.

Las caras de la gente a su entrada al pueblo, con esos gritos desaforados, era a un tiempo sorpresa, incredulidad y un punto de alegría. A algunos se le dibujaba media sonrisa que no podían ocultar.

- Es cierto, la acabo de ver desde mi terraza!.

En la entrada del pueblo se fue agolpando la multitud, curiosa y ilusionada. Contentos. Los rumores crecieron como palomitas en el fuego: que si medía casi cien metros, que si tenía los remates de oro, que si no necesitaba de conductor pues estaba dotada de inteligencia artificial, etc.
Al fin, asomándose a una zona despejada para ver la carretera mejor, todos La pudieron ver. Después de un largo viaje desde la capital hasta aquí, venia lentamente, tranquila, segura de sí misma. Avanzanba por el antiguo camino de entrada al pueblo, a la altura donde otrora crecieron unos chopos. Estaba a punto de llegar.

La gente marchó apresuradamente a sus casas a cambiarse de ropa y arreglarse. Los hombres se pusieron la chaqueta del domingo y las mujeres cogieron el vestido que guardaban para el baile de las fiestas patronales.
La maestra sacó a los niños también de la escuela y los llevó a la entrada del pueblo, donde ya algunos mayores esperaban. Al ver a Juan y Pepe, quiso darles una regañina pero comprendió que aquél era su momento: junto a sus compañeros, fanfarroneaban de haber sido los primeros en verla.

Al poco rato entró en el pueblo y la gente estalló en gritos de júbilo. Había llegado. Era La Máquina.

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Ahir pujant al poble vaig adelantar un camió que carregava un màquina ben gran, i com que el tema de conversa últimament és La (puta) Màquina, vaig pensar en fer una historieta així, rotllo Bienvenido Mr. Marsall