Acabó de comer bastante pronto, un poco antes de que terminara la serie de televisión que se había visto obligada a poner, casi por eliminación. Cogió el mando a distancia y volvió a zapear por unos instantes. Se detuvo en un programa de tertulia pseudo-intelectual donde pseudo-periodistas discutían sobre el pseudo-problema de la gripe A.
Hacía unos días que empezaba a sentirse mal, a notarse enferma, pero no sabía si era un pequeño constipado, un malestar general o, porqué no, la dichosa gripe. Quiso prestar atención al programa por si encontraba algo que la ayudara a sentirse mejor, pero aguantó tan solo unos minutos escuchando las mismas cosas de siempre: que si el tiempo y la distancia, que si evitar el contacto, que si la historia se repite, que si es un problema, que si no…
Sonrió amargamente para sí.
Apagó la tele, recogió la mesa con calma y se dirigió a su dormitorio. La cama estaba desecha: nunca tenía tiempo de arreglarla por las mañanas. Aún así, se acostó al instante con la esperanza de que, con el tiempo, con el sueño, se le hubiese pasado todo. Se le hubiese pasado la gripe.