
Exteriormente aparentaba una fina línea roja difusa, un delgado cilindro semitransparente, rojo, que atravesaba el aire en una perfecta trayectoria rectilínea. Le llamaban Láser He-Ne. Lo que casi nadie conocía era su interior, su vida. Su onda. Esa que, con una longitud de 632.8 nm, era la que le otorgaba todas sus características, empezando por aquella más visible y que todos conocían.
Desde hacía tiempo su onda había sido coherente y tranquila, deslizándose por el espacio de manera suave, paralela y continua, sin alteraciones en la fase. Así vivía y nunca se había planteado otra posibilidad, era lo que tocaba y punto. Hasta que un día, se topó con un Filtro Espacial particular. Allí, sin darse cuenta, volvió a convertirse en una fuente de luz puntual y su vida cambió repentinamente: su onda volvía a empezar. Tras atravesar el pinhole, el nuevo punto de luz en el que se había convertido era totalmente diferente al que cabía esperar. Ahora su onda se había transformado en otra de amplitud variable y creciente, pero no con un aumento moderado, no, el crecimiento era vertiginoso y descontrolado, hasta el punto de que era posible que perdiera su identidad y se convirtiera en otra onda, en otra vida.
Aún así, sabía que unos centímetros más allá se encontraba su salvación. Se trataba de una Lente de focal larga, que le devolvería la normalidad una vez atravesada, retornando a su estado normal, paralelo, colimado. Sólo debía llegar a ella antes de que su amplitud fuese excesivamente grande. Entonces, cuando estaba a solo tres centímetros de la lente, la luz se fue en la Fase I de Ciencias. Y así, de repente, todo se puso a oscuras…
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Açó de dedicar-li el temps de vacances a la PT fa que un pense massa en la faena i en açó de la Interferometría Holográfica. És per aixó que et venen al cap paranoies d’este tipus, així que he pensat que esta li la dedique a les meues companyes de faena. Elles, almenys, entendran alguna cosa…